lunes, 20 de julio de 2009

La casualidad: una creadora de amistades

Sandra y Alejandra no se conocían a pesar de que tenían amigos en común. Un apagón y un vecino umbanda hacen que surja lo menos esperado: un delirio místico repentino y una amistad que ya lleva 17 años.

"Uy, se cortó la luz...", dijo -con una voz temblorosa- Alejandra, un viernes a la noche de 1991. Tenía 17 años recién cumplidos, ya no le temía a la oscuridad (o eso creía). Durante la noche se había cortado varias veces la luz pero siempre cuando el novio de su prima, Maxi, tocaba la guitarra, y volvía cuando la dejaba de tocar. Indudablemente, era algún problema eléctrico, pero daba la casualidad de que ocurria justo en esos momentos. Horas antes, Alejandra había hablado con un vecino que, según se rumoreaba por el barrio, hacía ritos umbandas y hasta magia negra. Nunca le había prestado mucha atención pero cuando se cortó la luz no pudo evitar lo que le había dicho esa tarde: "La guitarra es el instrumento del diablo, si la tocan a las doce de la noche van a pasar cosas raras". Seguramente fue un recurso del vecino para que dejen de tocal la guitarra por las noches y finalmente poder dormir, pero a Alejandra la invadió el terror: era la medianoche, se había cortado la luz mientras Maxi tocaba la guitarra y en plena oscuridad alguien había llamado a la puerta de entrada. "Me sentía como dentro de una película de terror", dice hoy Alejandra.

El toc toc toc que escuchó en la puerta fue demasiado para ella y comenzó a sollozar en un rincón de la habitación. "Estaba muy mal, no lo podía creer, ya pensaba que el vecino me había hecho una brujería o que el diablo me iba a ir a buscar", dice Alejandra varios años más tarde. Luego de unos minutos, entre la oscuridad distinguió a una chica que había entrado en la casa (no parecía ser el demonio, eso la alivió un poco), estaba ahí sólo para preguntar si tenían luz -había un apagón general en la zona- se llamaba Sandra y era amiga de Maxi, por lo que sabía que estaba reunido en esa casa, ensayando con su banda.

A pesar de tener gente conocida en común, Alejandra y Sandra nunca se habían visto. La primera imagen que tuvo Sandra fue de una chica, en la oscuridad, aterrorizada que le hablaba del demonio y lo que le había dicho el vecino. Entonces, trató de calmarla contándole lo que sabía de ángeles hasta que Alejandra, totalmente sobrepasada, la interrumpió y dijo: "¡No me hablés más porque me da miedo que se me aparezca un ángel!". Sandra no pudo contener la risa. "Sentía que la embarraba cada vez más, ya no sabía que decirle para que se calmara", dice Sandra. "Ahora que pienso la situación creo que no pude ser más tonta al creerle a ese vecino. Esta debe ser una de las cosas más vergonzosas de mi adolescencia pero me hizo a una amiga y por eso la recuerdo con mucho cariño", dice Alejandra, ya con 34 años y embarazada de dos meses.

No hace falta explicar mucho para que esta forma de conocerse resulte muy extraña, pero cabe aclarar que a Alejandra se le pasaron los delirios místicos y que ésta fue una de las tantas historias que vivió con Sandra, que hasta ahora, luego de 17 años de amistad, les siguen sacando sonrisas. A partir de ese apagón, a mediados de enero del '91, se comenzaron a vver todos los días, se hicieron amigas y compartieron vacaciones varios años en Villa Gesell. Incluso Alejandra le presentó a Sandra un amigo, que, años más tarde, se convirtió en su marido y con quien ahora tiene un bebé de tres meses. "Nunca pensé que por un apagón y un vecino umbanda iba a conseguir a una amiga, y ¡mucho menos un marido!", afirmó Sandra entre risas cómplices con su amiga.

Una amistad como cualquier otra

Sandra es profesora de inglés, da clases en su escuelita de Ituzaingó. Hace tres meses que es mamá de un nene que la reclama cada minuto, le hace caritas y la hace sonreír, tanto como cuando se acuerda de su adolescencia y de la cantidad de cosas que vivió con Alejandra. "La conocí de pura casualidad y fue quien me presentó a mi marido, tal vez si no la conocía mi vida hubiese sido muy diferente a lo que es ahora", dijo Sandra, mientras sonaba de música de fondo un clásico de los ochentas.

Su amistad es como cualquier otra. no está marcada por hechos espectaculares pero sí por la alegría y las ganas de vivir cosas nuevas. "Mi amistad con Ale es una de las mejores cosas que me pasaron", afirma Sandra, "gracias a ella digo que la adolescencia es una de las etapas más lindas de la vida".

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¡Felíz día del amigo!

Ésta es una nota relativamente vieja, la hice a fines del año pasado pero me parece muy lejana y volverla a leer me hizo ver cómo cambié mi manera de escribir. Sandra es mi profesora de inglés, una de las tantas influencias que tuvo mi sentido del humor y, principalmente, es una amiga.
La nota está dedicada a todos mis amigos, que ya saben lo mucho que los quiero, y a todos los que se unirán a ellos.
F.

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